Charla informal con un campesino cocalero

Las enfermedades tropicales son el pan de cada día en la zona en la que vive, así como los cultivos de coca…

Mira frecuentemente sus manos mientras habla sobre la coca… las mira y agarra con sus dedos aquellas callosidades, producto del trabajo en el campo. Parece destacar, probablemente sin intención, el esfuerzo de su labor. No es una entrevista lo que tenemos, es simplemente un diálogo entre dos personas desconocidas, en un ambiente de confianza producto de una celebración. No somos más que él y yo, dos sillas rimax, una cerveza –la mía– y el bullicio que nos rodea.

A él le detectaron una especie de paludismo hace poco. Aún siente el malestar en su cuerpo, pero lo está tratando con los medicamentos recomendados en el centro de salud del poblado más cercano. Tampoco parece preocuparle demasiado; las enfermedades tropicales son el pan de cada día en la zona en la que vive, así como los cultivos de coca, mezclados con los de arroz y yuca.

Nunca me habla directamente de sus cultivos… habla en general, de los cultivos, de los cultivadores, del precio de las arrobas, de las ganancias y habla, también, de un posible paro nacional cocalero. Es un campesino común, pero también es un líder de su comunidad y por eso, habla con cierta propiedad sobre lo que sucede en su entorno y sobre lo que podría suceder en algunas semanas.

Por supuesto, también conversamos sobre posibles soluciones al problema de los cultivos ilícitos y él tiene una respuesta clara: si el Gobierno nos ofrece educación de calidad para nuestros hijos, vías para transportarnos y proyectos productivos a corto y largo plazo, yo mismo voy y arranco esos cultivos.

Parece no pedir demasiado, sobre todo, si se tiene en cuenta que se trata de un campesino que vive en una vereda sin agua potable y sin luz, a pesar de tener una represa rodeando su casa y la de sus vecinos. Parece no pedir demasiado, sobre todo si también se tiene en cuenta que vive en una zona que ha sido dominada por los grupos armados ilegales… un territorio que hace parte de esa Colombia olvidada y al que ha llegado poco el Estado, incluso ahora, cuando el proceso de paz está implementándose.

Mi contertulio es un campesino más, sin aspiraciones de riquezas exorbitantes –por el contrario, está dispuesto a quitarse pan de la boca para dárselo a quien lo necesita– y sin más deseos que ofrecer una buena vida a sus hijos. Es un colombiano más que, tristemente, hace parte de esa cadena que ha convertido a nuestro país en el mayor productor de coca del mundo…

Nota de cierre: ¿por qué publicar un diálogo informal con un campesino? Porque en momentos en los que la coca es tema de especial interés, conviene poner la lupa no solo en las cifras de erradicación que convencen a los extranjeros, sino también en la realidad de los connacionales que sobreviven de estos cultivos, para convertir esta columna en una oportunidad para conocernos un poco mejor como país.

 

Columna publicada originalmente en el periódico El Mundo de Medellín, el 2 de noviembre de 2017.

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