Los peligrosos extremismos en esta contienda electoral

“La división y los extremismos solo significan perpetuar la violencia e imposibilitan, una vez más, la construcción de un proyecto común de país…”. 

Álvaro Uribe y Gustavo Petro son, actualmente, la máxima representación del extremismo y la polarización en Colombia. Ambos llenan plazas públicas con sus simpatizantes y, al mismo tiempo, son recibidos con gritos furiosos y en algunos casos, con actos de violencia por parte de sus contradictores más acérrimos.

Uribe y Petro son, por lo tanto, el símbolo de una página que los colombianos debemos pasar… la de una patria dividida históricamente en dos bandos radicalmente opuestos. Basta con recordar nuestra historia para encontrarnos con los seguidores de Bolívar y los de Santander, los gólgotas y los draconianos, los liberales y los conservadores, los uribistas y los antiuribistas, los del y los del No, en fin… son muchos los ejemplos que nos revelan cómo nuestro camino siempre ha estado dividido en dos extremos opuestos que parecen destinados a nunca encontrarse.

De estas divisiones, malsanas, han surgido las guerras y violencias que más han marcado nuestra historia. Desde el intento de homicidio a Simón Bolívar y las manifestaciones violentas a mediados del siglo XIX entre artesanos y comerciantes, hasta las guerras internas partidistas y los magnicidios de figuras como Rafael Uribe Uribe o Jorge Eliécer Gaitán; desde la persecución a todo un grupo político como la Unión Patriótica, hasta las masacres y los asesinatos a líderes sociales, especialmente en zonas rurales… Y la lista sigue.

La división y los extremismos solo significan perpetuar la violencia, la intolerancia, e imposibilitan, una vez más, la construcción de un proyecto común de país, con unos mínimos acuerdos en lo esencial que se centren en los problemas reales de los colombianos. Por eso, no vale la pena seguir dividiéndonos.

Recientemente, el candidato número 1 de la lista de la Decencia al Senado y quien acompaña a Petro en sus aspiraciones presidenciales, el guionista Gustavo Bolívar, en un momento de efervescencia en Cúcuta después de las agresiones al carro blindado en el que se movilizaba Gustavo Petro en la capital nortesantandereana, llegó a afirmar que: “a Gustavo Petro le cierran todas las oportunidades para hacer política sana, política limpia. Después preguntan por qué nacen los grupos guerrilleros”.

En la otra orilla del radicalismo, uno de los medios de referencia de la derecha más radical llamado “Los irreverentes”, manifestó en un artículo supuestamente noticioso que: “Petro, que sabe como pocos de asuntos bélicos por su experiencia en el crimen y el terrorismo, lo debía saber desde el primer momento (si los impactos a su carro eran de bala o no), pero equivocadamente resolvió recrear un atentado para victimizarse y llamar la atención de los medios de comunicación”.

Estos dos ejemplos nos muestran dos posturas anquilosadas y negativas para el país, pues incluso, llegan a justificar el uso de la violencia en la política. Ya no más. Los colombianos debemos ampliar el espectro y revisar otras propuestas; es desesperanzador que los dos candidatos que representan el extremismo sean quienes lideren las encuestas hoy en día. Tenemos la responsabilidad de buscar proyectos políticos nacionales más incluyentes, que ofrezcan la oportunidad de hacer algo distinto a dividirnos más. Ya muchas veces lo hemos hecho y no ha funcionado. Por eso hoy, tenemos la oportunidad de construir juntos un país posible, viable, en el que todos quepamos ¿nos atreveremos a intentarlo?

Nota de cierre: las elecciones al Congreso son el primer llamado a la responsabilidad de los colombianos. Si estamos cansados de una institución desprestigiada por senadores y representantes corruptos, es el momento de elegir opciones nuevas. Juanita Goebertus en Bogotá y Daniel Duque en Medellín son alternativas nuevas, jóvenes y preparadas que quieren cambiar la política desde adentro.

El problema no es que todos los políticos sean ladrones, sino que quienes tenemos que elegir no nos ponemos en la tarea de buscar nuevos liderazgos y respaldarlos.

Columna originalmente publicada por el periódico El Mundo de Medellín, el 8 de marzo de 2018.

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