Recorría la ciudad en un taxi conducido por un hombre –tal vez cercano a los cincuenta años–, tosco en su trato y más bien atravesado en su manera de manejar por las calles. En uno de esos cambios de carriles inesperados, miró por uno de sus retrovisores laterales y, con desprecio, pronunció la siguiente frase: … Sigue leyendo Desarmar las palabras