El desgaste como estrategia

De cómo la reelección de Rajoy en España se relaciona con las actuaciones políticas de algunos sectores del no en Colombia…

Más de 300 días de un gobierno en funciones. Dos elecciones generales en menos de un año, en un escenario inédito en la política española. Una conmoción interna en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que le costó la cabeza a su secretario general hasta hace unas semanas, Pedro Sánchez, quien finalmente dimitió a su escaño en el Congreso de los Diputados.

Estos son los principales datos que deja la agitada vida política en España durante el último año. Una novela que terminó, al menos en este capítulo, el pasado sábado 29 de octubre, con la reelección como presidente de gobierno del líder conservador del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, con 170 votos a favor, 111 en contra y la abstención de 68 diputados.

En España el sistema político no es presidencialista, lo que hace que en las elecciones generales no se vote a un presidente sino a los representantes de los diferentes partidos políticos, quienes ocuparán escaños en el Senado y el Congreso de los Diputados. En este último escenario es en el que se elige al presidente, luego de que el Jefe de Estado, es decir, el Rey de España, le encargue al líder político con más opciones de formar gobierno la responsabilidad de obtener la confianza de la cámara baja.

Llegar a la reelección de Rajoy fue todo menos fácil. En la primera campaña política de finales de 2015, todos los partidos –a excepción del PP– acusaban a Mariano Rajoy de ser el responsable de diferentes reformas en el campo laboral y educativo que desmontaban el Estado de Bienestar de los españoles y que no aportaban a la mejora en la condiciones de vida de la clase media y baja de la población.

A pesar de esto, el Partido Popular fue el más votado en esas primeras elecciones del 20 de diciembre de 2015, obteniendo 119 escaños… lejos de la mayoría absoluta de 176 diputados necesarios para lograr poner presidente de gobierno sin problemas.

Mariano Rajoy, aunque ganador de las elecciones, declinó la designación del Rey Felipe VI para formar gobierno al sentir que no tenía los apoyos suficientes en la cámara baja –en un hecho político también inédito–, dejando así toda la carga en el segundo partido más importante de España que, además, cosechaba los peores resultados de su historia con apenas 89 escaños: el PSOE.

Pedro Sánchez, entonces secretario general de los socialistas, se arriesgó a intentar formar gobierno… un intento fallido que murió apretado por la tenaza que representan los dos nuevos partidos que llegaron a romper con el bipartidismo tradicional en España: Ciudadanos y Podemos, ubicados en dos extremos opuestos del espectro político y ninguno de los dos dispuesto a negociar con el otro. Ante la ausencia de un consenso y la negativa a negociar con los nacionalistas catalanes y vascos, Sánchez, sin los votos suficientes, perdía su oportunidad presidencial, marcando así no solo su derrota, sino también el camino para el triunfo definitivo del Partido Popular.

El 26 de junio de 2016, los españoles se reencontraron con las urnas y el único partido que logró mejorar sus resultados anteriores fue el liderado por Mariano Rajoy, pasando de 119 escaños a 137.

Aún lejos de la mayoría absoluta, el PP logró llegar a un pacto con un Ciudadanos presionado por evitar unas terceras elecciones. El PSOE, eterno rival del PP, ante el temor de perder más votos frente a los populistas de izquierda de Unidos Podemos, y ante su misma imposibilidad de ofrecer una alternativa clara de gobierno, entró en un camino sin salida que terminó por costarle la cabeza a Pedro Sánchez y que llevó a este grupo parlamentario a una abstención no respaldada por todos sus diputados, ni por parte de su militancia, pero suficiente para garantizarle a Rajoy otros casi cuatro años de gobierno y así evitar unas terceras elecciones.

Sin hacer mucho, Mariano Rajoy y el PP utilizaron el desgaste político de sus contrincantes y el de una sociedad agotada por casi un año de debate en bucle, para presentarse como la única alternativa posible para salir de la incertidumbre política. El pasado sábado lograron su objetivo.

En Colombia, siento que un sector de los llamados “representantes del No”, están aplicando la misma estrategia para lograr sus intereses mezquinos y disipar así el debate de la paz, con el propósito de llegar a las elecciones de 2018 como los únicos dueños de la llave que desatranque el bloqueo y la incertidumbre respecto a los diálogos con las Farc. Por lo pronto, seguirán desgastando a la opinión pública, haciendo poco por lograr acuerdos concretos y, eso sí, acrecentando la herida del gobierno Santos para que se desangre lentamente…

Columna publicada originalmente en el periódico El Mundo, el 3 de noviembre de 2016.

Foto: Bandera de España en la Casa de la Radio (RNE) por Johnatan Clavijo

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