La revolución del 47

Un cura fue el líder de este movimiento cuyo lema fue “La educación nos hará libres”. El enemigo al que se le declaró la guerra era solo uno: la ignorancia.

En 1947 nació una revolución que influyó ampliamente en el campesinado colombiano y que significó un referente para el desarrollo de procesos similares en Latinoamérica. Un cura fue el líder de este movimiento cuyo lema fue “La educación nos hará libres”. El enemigo al que se le declaró la guerra era solo uno: la ignorancia.

Las ondas hertzianas fueron el vehículo; la palabra, el arma; y la voluntad de las personas, el motor que terminó por impulsar esta revolución a cientos de rincones de Colombia. Una revolución que llegó hasta lugares distantes de la geografía de nuestro país gracias a los receptores de radio que las iglesias y los bancos agrarios facilitaban a la población. ACPO eran las siglas de este movimiento –siglas que venían a significar Acción Cultural Popular– cuyo buque insignia se llamó Radio Sutatenza.

El padre José Joaquín Salcedo Guarín fue quien ideó y lideró esta empresa que la profesora e investigadora Mary Jeane Roldán describe como “el más extenso y poderoso sistema de medios masivos de comunicación dedicado a la educación campesina y desarrollo rural comunitario de toda América Latina”.

En un país con una orografía tan compleja como Colombia, la llegada de los servicios básicos a las zonas rurales era casi un imposible, máxime cuando muchos de los recorridos entre veredas y cascos urbanos solo se podían hacer en mula o a pie, pues no existían carreteras que los comunicaran. Fue así como la radio se perfiló como una alternativa infalible para llegar a los lugares más apartados con contenidos educativos que iban desde el aprendizaje del abecedario hasta de los números; desde lo espiritual –por supuesto, era una apuesta promovida y financiada desde la Iglesia Católica que incluso contó con la bendición del Papa Pio XII– hasta las campañas por una “procreación responsable” y la transformación de mentalidades machistas, tan arraigadas en ciertas tradiciones campesinas.

Radio Sutatenza conformó Escuelas Radiofónicas a lo largo y ancho del territorio nacional y complementó su estrategia formativa con diferentes herramientas como el periódico El Campesino, un medio informativo enfocado al público de zonas rurales; las cartillas pedagógicas para reforzar los aprendizajes difundidos por medio de la radio; la biblioteca campesina, con publicaciones de libros sobre temáticas de interés para los habitantes de la ruralidad, y la conformación de grupos de auxiliares que ejercían como mediadores en los territorios para acompañar el proceso de aprendizaje de sus vecinos.

Con financiación de diferentes entidades, desde el gobierno colombiano hasta organizaciones como Unesco o USAID, Radio Sutatenza consolidó un trabajo educativo sinigual en la historia de los medios de comunicación de Colombia, no solo por “llegar a donde ningún maestro llega”, sino por procurar un cambio de mentalidad en los campesinos colombianos, diciéndoles que son “dueños de su propio progreso” y empoderándolos, también a las mujeres, para que reconocieran sus potencialidades y participaran en la construcción de su entorno, de lo público.

De forma más que conveniente, la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República (Bogotá) inauguró la exposición “Radio Sutatenza: una revolución cultural en el campo colombiano (1947 – 1994)”, que destaca la historia de esta grandiosa revolución educativa, posible gracias a un medio de comunicación apasionante como lo es la radio.

Qué oportuno resulta recordar esta historia ahora que las Zonas Veredales y Puntos Transitorios de Normalización se transformarán en Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación, en los que resultará fundamental que la formación impartida en estos espacios posibilite el desarrollo del individuo y el empoderamiento de sus propias capacidades y de su propio criterio… algo que sigue siendo tan necesario no solo en el campesinado colombiano, sino también en los excombatientes.

En estas zonas, donde difícilmente hay internet, ojalá la radio vuelva a ser protagonista de la educación y la construcción de tejido social. Qué bello sería… aunque suene como una utopía.

Nota de cierre: algunos de los contenidos de esta exposición pueden ser consultados en el sitio web de la Biblioteca Luis Ángel Arango, encargada de conservar el archivo de ACPO desde 2008. Los invito a conocer más a fondo sobre esta maravillosa revolución educativa y cultural del siglo XX en Colombia.

Foto: Exposición de Radio Sutatenza en la BLAA, tomada por Johnatan Clavijo.

Columna publicada originalmente el 01 de junio de 2017 en el periódico El Mundo de Medellín.

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