El poder de una biblioteca

Colombia necesita más bibliotecas y más bibliotecarios comprometidos con cambiar el mundo desde sus propios espacios. Es posible… más aún por estos días en que las bibliotecas cada vez más se posicionan como espacios de encuentro y de transformación.

Recientemente, la Encuesta Nacional de Lectura 2017, la primera que se hace en Colombia dedicada exclusivamente a la lectura, reveló que más de 12 millones de colombianos afirmaron visitar una biblioteca el año pasado, lo que representa un incremento de 5 millones, con relación a los datos comparativos de 2012. Es decir, casi un 30% de todos los colombianos visitaron una biblioteca el año pasado.

Estas cifras se pueden verificar fácilmente, pues la Red Nacional de Bibliotecas Públicas proyecta –de acuerdo con su sistema Llave del Saber– un total de 19 millones de asistencias (no confundir con asistentes) a las 1484 bibliotecas públicas que hacen parte de esta Red. Estas cifras, destacables, hablan por sí solas del impacto que tienen las bibliotecas públicas en las comunidades y de cómo estos espacios son escenarios de encuentro que fortalecen la construcción de capital social en los territorios.

Sin embargo, las cifras no dejan de ser áridas y por eso es oportuno acompañarlas con, al menos, una historia inspiradora. En Gallo, vereda de Tierralta, Córdoba, las únicas dos edificaciones construidas en material (ladrillos y cemento) son el colegio público y la biblioteca, también pública; de resto, la mayoría de las casas parecen débiles, momentáneas, itinerantes, aunque realmente no lo sean.

Hace un año, esta zona estaba recibiendo a los excombatientes de las Farc en su territorio, quienes se preparaban para su transición a la vida civil. Al mismo tiempo, llegaban cuatro módulos en lancha, coloridos, acompañados con un quijote llamado Víctor Solís. En estos módulos iban libros, tabletas, computadores, lectores de libros digitales, cámaras de video, un televisor, un sistema de sonido, entre otras herramientas que los habitantes de Gallo poco conocían. Víctor, sin más, llegó a Gallo y montó una de las 20 Bibliotecas Públicas Móviles que el Gobierno instaló en estas zonas vitales para el cumplimiento de lo pactado en los acuerdos de paz. 19 quijotes más llegaban a otras zonas del país.

Con el pasar de los días, las parrandas de los fines de semana en Gallo, se fueron convirtiendo en tardes de cine, de lectura, de libros, de música, de disfrute con los más pequeños. De vez en cuando, Víctor cogía una mula y se iba con algunos de los insumos de la biblioteca móvil para otras veredas circundantes. Tardaba horas en llegar a algunas de ellas. Pero, sin importar si las piernas terminaban doliéndole por la incómoda posición de recorrer el monte a lomo de mula, Víctor seguía adelante con su filosofía de siempre dar una milla más.

Tanto fue el amor que la comunidad sintió por Víctor y por la biblioteca, que no solo iniciaron ellos mismos el proceso de construcción de una sede fija, hecha con materiales que protegieran bien todos los libros y la tecnología, sino que también hicieron de Víctor Solís el padrino predilecto para los niños recién nacidos de la vereda. Gallo nunca volvió a ser como antes. Gallo cambió y los habitantes de Gallo también cambiaron.

Una biblioteca y un buen bibliotecario pueden hacer la diferencia en sus comunidades. Mientras que una biblioteca ofrece un espacio de encuentro para todos, un buen bibliotecario, a la larga, es como el mejor de los campesinos, que siembra y supera las dificultades para obtener el mejor fruto… el mejor retoño. En este caso, el bibliotecario siembra lectura y recoge cultura, siembra ejemplo y recoge el liderazgo en sus comunidades, quienes se empoderan y son capaces, ellas mismas, de edificar bibliotecas.

Colombia necesita más bibliotecas y más bibliotecarios comprometidos con cambiar el mundo desde sus propios espacios. Es posible… más aún por estos días en que las bibliotecas cada vez más se posicionan como espacios de encuentro y de transformación.

Nota de cierre: programan un debate sobre la educación y solo Sergio Fajardo y Humberto de la Calle van. Asuntos de agenda, dirán algunos, pero a la larga, asuntos de prioridades.

Columna publicada originalmente en el periódico El Mundo de Medellín, el 19 de abril de 2018.

Foto: Sebastián Rojas – Red Nacional de Bibliotecas Públicas

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