Dos retos de la paz: reincorporación y disidencias

“Si este gobierno, al que le quedan tres meses, no puede garantizar una respuesta y acciones sostenibles a estas preguntas, el próximo tendrá que llegar el 7 de agosto a hacerles frente de inmediato”.

Muchos son los retos que debe asumir el próximo gobierno nacional, pero uno de los más importantes, el cual marcará el futuro del país, es el tratamiento que le dé al Acuerdo de Paz firmado con las Farc y las estrategias que se desplieguen tanto con los excombatientes que dejaron las armas, como con aquellos que se unieron a las disidencias, que serían unos 1.400 hombres, según la Fundación Ideas para la Paz.

Por un lado, el gobierno actual sigue demostrando inmensas dificultades para ofrecer un proceso de reincorporación a la vida civil efectivo. Por citar un ejemplo, Pablo Iván Galvis, quien fuera bibliotecario público en la vereda Las Morras de San Vicente del Caguán, lugar de uno de los Puntos Transitorios de Normalización, contaba en la reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, que Kevin, su joven auxiliar bibliotecario en el campamento de las Farc, lo llama con regularidad para contarle que algunos de sus antiguos compañeros lo contactan, sin importar si cambia de teléfono o se traslada de municipio, para decirle –casi exigirle– que vuelva al monte. Él, quien ya conoció un mundo del que no quiere desprenderse, se pregunta y le pregunta a Pablo si acaso no tiene otra opción.

Así de simple y –por contradictorio que suene– de compleja es la realidad de cientos de hombres y mujeres que quieren volver a vivir una vida tranquila, alejados de las armas. ¿El país ha estado preparado para recibirlos?, ¿les ha ofrecido alternativas sostenibles para no reincidir en la violencia?, ¿tenemos, como país, una apuesta clara para darles oportunidades que aseguren un punto de quiebre en sus vidas que los aleje de las armas? Si este gobierno, al que le quedan tres meses, no puede garantizar una respuesta y acciones sostenibles a estas preguntas, el próximo tendrá que llegar el 7 de agosto a hacerles frente de inmediato, pues de estas respuestas depende que la escalada de violencia de las disidencias pueda ser mayor o menor.

Por otra parte, el gobierno colombiano –el actual y el próximo– también deben responder por el tratamiento de la problemática de las disidencias. Por supuesto que se debe aprovechar el gran potencial de las fuerzas armadas para frenar el accionar terrorista y narcotraficante de los que quedan en armas, pero sería insuficiente si no trae consigo acciones concretas para llegar con oferta institucional a las zonas más complejas del conflicto, donde el Estado aún sigue teniendo escasa presencia y donde con relativamente poco se puede hacer mucho (los invito a leer sobre la experiencia de las Bibliotecas Públicas Móviles en las veredas del posconflicto y a conocer su impacto, medido por el Centro Nacional de Consultoría, en múltiples documentos y videos de la Biblioteca Nacional de Colombia).

Por eso estas elecciones son tan importantes y, por eso, la pregunta sobre qué harán los candidatos con los Acuerdos de Paz, resulta clave para comprender su visión respecto al futuro de Colombia. Ya en las urnas quedó demostrado que la Farc (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) no representa una opción política viable que se tomará el poder, pero la realidad sí nos indica que sus excombatientes pueden volver a las armas y ese no es tanto un problema del Acuerdo de Paz, sino de las decisiones que se tomen con respecto a él.

La invitación de Humberto de la Calle a Iván Duque no es menor: “invito, particularmente, al doctor Duque a que deje atrás cualquier afán electoral y piense realmente en Colombia; lo invito a que vaya y le ponga la cara a Bojayá, al Salado, a la Chinita y a Montes de María, y les diga, frente a frente a cada una de las víctimas, como es que piensa hacer trizas el Acuerdo”. Porque desde Medellín, criticar un Acuerdo del que solo se ve lo que aparece en los medios, es muy fácil. Porque desinformar, mentir y atemorizar es mucho más fácil. Porque seguir haciendo la guerra en un país que ha vivido más de cincuenta años en ella, es mucho más fácil que construir la paz.

Nota de cierre: a menos de un mes de las elecciones, los ciudadanos debemos preguntarnos, si elegimos un discurso del miedo o uno de la esperanza.

Columna publicada originalmente en el periódico El Mundo de Medellín, el 3 de mayo de 2018.

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