Un reto para Alviar

El joven estaba sentado en una de las mesas metálicas de la Universidad de Antioquia. Cerca de él se encontraba una mujer con una pequeña en brazos y un coche para bebé… eran su pareja y su hija. Lo abordé con la mediación de un amigo. Se me presentó como estudiante, dedicado a su vez a las ventas informales. Conversé con él sobre su vida, sus razones para utilizar la Universidad como espacio para las ventas y sus propuestas para solucionar esta problemática.

Horas después de haber realizado la entrevista, este joven me llamó al celular y con su voz algo agitada me pidió que no publicara lo dicho por él, pues la realidad es que había dejado de ser estudiante de la Universidad desde el semestre pasado y estaba a la espera de resolver su situación académica.

Este caso no es la excepción. Según denuncias de diferentes estudiantes, una importante proporción de las ventas informales de la Universidad de Antioquia corresponde a personas que no están involucradas con la institución y que en algunos casos “contratan” a estudiantes por $2.000 la hora para que sean ellos los que vendan diferentes productos, que van desde un dulce o un minuto a celular, hasta películas y programas “pirateados”.

Incluso, según estos estudiantes, los “dueños de las chazas” tienen múltiples negocios de este tipo en el campus, lo que pone de manifiesto que detrás del argumento de las “difíciles condiciones económicas que obligan a estas ventas”, hay intereses particulares sedientos de ganancias importantes en un escenario fácil con una alta demanda, una mano de obra barata necesitada de recursos y un gobierno universitario laxo.

Por supuesto, también hay casos de estudiantes que habitando en un entorno donde las ventas informales no parecen prohibidas, aprovechan para comerciar con productos ya sea de forma ambulante o estacionaria para subvencionar sus pasajes, fotocopias y hasta sus cervezas del fin de semana.

¿Dónde está la “ley” y la autoridad universitaria al respecto? Según el Acuerdo Superior 206 de 2001, “Constituirá falta disciplinaria grave la venta informal o cualquier medio de auxilio a las ventas informales por parte de estudiantes, profesores, personal administrativo, trabajadores oficiales y contratistas de la Universidad, en las instalaciones de la Universidad”. Es decir, de conformidad con este acuerdo, hasta comprarles a los vendedores informales de la UdeA es una falta grave. Pero, como ya es tradición en nuestra sociedad colombiana, las normas van por un lado y la realidad por otro.

En la última administración de Alberto Uribe Correa como Rector, se ejecutó un programa con enfoque social para que, por medio de estímulos económicos, los estudiantes en condición de venta informal abandonaran estas prácticas y pudieran retornar por completo a sus actividades académicas. Algunos lo aceptaron, otros no, por considerar que el subsidio no era suficiente para cumplir con sus responsabilidades y solventar sus necesidades.

Este programa, que se proponía como el final de las ventas informales en la UdeA, fue una solución particular para algunos, pero no significó una solución al problema real, de fondo. Por otro lado, el Acuerdo Superior 206 de 2001, que sigue vigente, hoy no parece más que una burla a la legalidad y la autoridad institucional, porque casi ninguno –por no decir tajantemente: ninguno– de los decanos de las Facultades, quienes son los encargados de ejecutar los procesos disciplinarios a estudiantes de pregrado, la han hecho cumplir o han buscado su cumplimiento. Sus razones tendrán y sería interesante escucharlas.

Creatividad, inteligencia e innovación son palabras frecuentes en el discurso del Doctor en Economía agrícola y nuevo Rector de la Universidad de Antioquia, Mauricio Alviar, quien además es un académico interesado en temas de microeconomía. Justamente, esas palabras claves y esos conocimientos resultan determinantes en la solución de un problema que pone en juego la legitimidad de las autoridades y las normas universitarias, el valor de lo público y la convivencia al interior del campus.

Bienvenido, Doctor Alviar. La Comunidad Universitaria espera que su gestión aporte a la solución de problemas como este.

Nota de cierre: descanse en paz, Maestro Carlos Gaviria Díaz.

Columna publicada originalmente el 9 de abril de 2015 en el periódico El Mundo de Medellín.

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