¿Parrilleros delincuentes?

Recuerdo que en mi antiguo trabajo, unos días entre semana, solíamos ir a jugar fútbol a diferentes canchas de la ciudad. Algunos de los compañeros tenían motocicletas y los demás, quienes no contábamos con medios de transporte, nos montábamos de parrilleros con el firme propósito de ir, divertirnos, y por qué no, ganar con unos buenos goles.

Por esos días se implementó la restricción al parrillero hombre en Medellín. Un par de veces nos arriesgamos a irrespetar la medida, lo cual es muy común –y vergonzoso– en nuestra sociedad, entusiasta para convertir todo en Ley, e igual de entusiasta para incumplirla. Luego, esta situación se convirtió en excusa para que algunos se negaran a asistir y así se nos fue desarmando el equipo, hasta que ya no hubo fútbol, ni deporte… y tengo varios kilos de más que lo demuestran.

Así de trascendental puede ser el impacto de una medida que toca profundamente la cotidianidad de las personas como lo fue la restricción al parrillero hombre en Medellín, que ya no tiene vigencia ni validez desde el martes 11 de agosto de 2015 luego de que se expidiera el decreto 1345 del 10 de agosto de 2015, como resultado del fallo judicial del Tribunal Administrativo de Antioquia que condenó la prohibición.

En uno de los debates, cuando se discutía una de las varias perpetuaciones que tuvo la polémica medida, alguien argumentaba que culpar a las motos de los delitos en la ciudad era como responsabilizar a la cruz de la muerte de Cristo. Y es que, en esencia, la medida de prohibición al parrillero hombre significó el otorgamiento de una importante responsabilidad a este medio de transporte y a quienes lo usan de diferentes actos que ocasionan inseguridad.

No se trata, tampoco, de ocultar el sol con un dedo. Fue amplísimo el despliegue mediático relacionado con robos a vehículos desde motocicletas, incluso cuando la medida de restricción del parrillero hombre estaba vigente. Es lógico que en nuestro contexto cultural una motocicleta se asocie a delincuencia, porque fue el medio predilecto del sicariato para la comisión de sus asesinatos y su posterior escapatoria exitosa. Aún recuerdo mis primeros días viviendo en Medellín y el temor que sentía al escuchar el rugir de una motocicleta revolucionada.

Sin embargo, eso no justifica lo clasista y sexista de esta medida, que claramente vulneraba derechos de miles de personas en la ciudad. Ahora, que la administración municipal indique que tomará medidas de choque frente al levantamiento de la prohibición del parrillero hombre, aunque resulta coherente con la política que había implementado, sigue perpetuando imaginarios y continúa vulnerando derechos. Claro que se deben tomar medidas, pero no solo con los motociclistas, sino con toda la ciudadanía para fortalecer la seguridad en la ciudad. ¿O es que acaso se hacen controles especiales a las camionetas lujosas que, de acuerdo con los imaginarios colectivos, son el medio predilecto de los “traquetos”?

Nota de cierre: la persecución política a Gustavo Petro por parte del Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez, es una vergüenza más que sigue desvirtuando el papel de las instituciones en el país, cada vez más politizadas. Lo sufren las contralorías departamentales, especialmente; lo vive la Fiscalía con su jefe mayor concentrándose más en el proceso de paz que en la justicia nacional. ¿Hasta cuando?

Columna publicada originalmente en el periódico El Mundo el 13 de agosto de 2015.

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