En una oportunidad le oí decir a Alejandro Gaviria que le producía algo de desazón cuando escuchaba que la máxima aspiración de una persona era ocupar un altísimo cargo o ser reconocido por millones de personas. La vida, explicaba, tiene muchas posibilidades y los azares nos llevan por caminos insospechados. Hay que dejarse sorprender, afirmaba. Toca desear varias cosas, decía. Tener un plan b, un plan c y un plan d. No hay que creerse predestinado, concluía.

El escenario donde le escuché decir esto no era insignificante, al menos para mí. Era la ceremonia, virtual, de mi graduación de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de los Andes. Él, quien hacía casi dos años me había sugerido que estudiara esa maestría, mientras me firmaba algunos de sus libros, era quien ahora firmaba mi diploma como rector. Su influencia y mi admiración, me han unido a él en algunos momentos en los últimos años.

Alejandro Gaviria, hoy por hoy, persigue su aspiración por ocupar un altísimo cargo y ser reconocido por millones de personas. Busca la victoria en esta carrera presidencial para 2022.

En una reciente entrevista con el diario español El País, afirmaba: “yo soy en este momento el candidato que es capaz de unir a quienes piensan distinto, de ser unificador y abarcador, de dejar de lado esas rencillas de las que la gente está cansada”. Esta idea, que ha repetido con insistencia, lo hace parecer un predestinado.

La vida nos enfrenta, por momentos, contra nosotros mismos. La coherencia es una búsqueda difícil de alcanzar. Los estímulos externos nos confunden. Nos enceguecen, si se quiere. Y ese es el principal laberinto de Alejandro Gaviria hoy por hoy. En el video de lanzamiento de su candidatura, Alejandro Gaviria lo reconoce como una “contradicción esencial”.

Sin duda, su nombre en el abanico de presidenciables logró despertar una emoción en un sector político que aún no había podido despegar plenamente: el que no se siente cómodo al tener que elegir entre Petro y la alternativa de Uribe. Por eso, desde el lanzamiento de su campaña, Alejandro Gaviria ha hecho un llamado a unir al centro.

Recién se conoce que está dispuesto a reunirse, “en unas semanas”, con la Coalición de la Esperanza, que aglutina a Sergio Fajardo, Jorge Robledo, Humberto de la Calle, Juan Manuel Galán y Juan Fernando Cristo. La invitación la extendieron estos últimos con un llamado claro: “somos oposición, estamos lejos de los extremos y no nos vinculamos a partidos tradicionales y/o cercanos a Duque. Sobre estos principios, invitamos a dialogar a Alejandro Gaviria”.

El llamado es claro. Uno de los promotores de la candidatura de Alejandro Gaviria ha sido el Partido Liberal, liderado por César Gaviria. Este mismo político y expresidente, en 2018, minó toda posibilidad de que Humberto de la Calle y Sergio Fajardo llegaran juntos a la primera vuelta. El riesgo de que esta misma historia se repita con Alejandro Gaviria en 2022 es alto, aunque algunos de los políticos cercanos a Alejandro, como la actual representante a la Cámara por Bogotá, Juanita Goebertus, han advertido que esto no debería volver a pasar.

Alejandro Gaviria, un gran candidato con poco capital político, ya está recibiendo el respaldo de políticos liberales cuestionados, como el de John Jairo Roldán. Son ellos quienes, también, moverán sus maquinarias para lograr reunir más de un millón de firmas en cuatro meses para respaldar la candidatura del académico, exrector y ex ministro de salud.

Las firmas pueden ser un aliciente que conviertan al buen candidato en un actor con peso político para las próximas elecciones. Pero ello puede significar, también, construir egos, cercanías y dependencias con actores políticos nocivos que, de nuevo, pueden minar los anhelos de un centro unido y de un cambio real en la política, como concluía la editorial de El País “Más opciones”.

A mí, como al Alejandro Gaviria rector, también me genera una “contradicción esencial” que la máxima aspiración de una persona sea ocupar un altísimo cargo, pues también lo he soñado, entre la vanidad y los deseos de aportar.

Ojalá, Alejandro Gaviria, el candidato, tenga un plan b, un plan c y un plan d. Y aunque quiera ganar y su discurso público lo obligue a anticiparse a esa victoria, sería oportuno que reconozca que para unir al centro debe, no solo marcar distancia de las estructuras de los partidos tradicionales, sino también no identificarse como la única alternativa capaz de unir, sino como uno más capaz de aportar.

Fotografía: Twitter de Alejandro Gaviria

Esta nota fue escrita el 2 de septiembre y actualizada el 3 de septiembre con nuevos enlaces y consideraciones relevantes para el autor.