Mockus y la complicidad

El pasado 22 de mayo el ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus Šivickas, publicó un comunicado en el que afirmó “me duelen tanto los 11 militares como los 26 guerrilleros”. Este comunicado se dio en el marco de la muerte de los 11 militares en Cauca, lo que provocó la cancelación de la directriz presidencial de suspender los bombardeos a la guerrilla. Como acción de guerra, el ejército nacional atacó con un bombardeo a las Farc y provocó la muerte de 26 guerrilleros, también en Cauca, lo que ocasionó que se finalizara el cese unilateral que este grupo insurgente había anunciado desde La Habana el pasado mes de diciembre.

Pero el comunicado de Mockus no solo decía esto. También afirmó: “Me ofrezco a recibir la misma sanción que recibirán los dirigentes de las FARC que quieran reconocerse culpables de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra”. ¿Por qué? En esta carta pública, el profesor bogotano de ascendencia libanesa mencionó que simpatizó y auxilió a la guerrilla.“…un ciudadano que, en algún momento fue simpatizante de las Farc, pero que como funcionario público también ayudó a consolidar el prestigio y la eficacia de la Fuerza Pública. (…) Yo les ayudé a unos y otros. Soy culpable sobre todo por omisión”, complementó.

Ante tal declaración, los medios de comunicación le pidieron mayores detalles sobre esta confesión, frente a lo cual clarificó que en la década de los ochenta recibió capacitación para falsificar cédulas –aunque, según él, nunca falsificó ninguna que fuera de utilidad–; además, les tradujo un catálogo a las Farc y hospedó en su casa a simpatizantes y militantes de esta guerrilla y, sobre todo, del M-19.

Por supuesto, el polémico comunicado de Mockus y sus posteriores palabras fueron recogidas por diferentes medios de comunicación: “Excandidato presidencial colombiano Antanas Mockus confiesa que ha sido “auxiliador” de las FARC”, tituló NTN 24; “Los favores de Antanas Mockus a las Farc”, calificó La F.m.; “Mockus se ofrece a recibir las mismas penas que dirigentes de Farc”, refirió El Tiempo.

Asumir estas responsabilidades públicamente y sacrificar su reputación –que ya estaba golpeada después de la organización de una Marcha por la Paz que lo dejó entredicho por los ataques del uribismo–, no son jugadas políticas; se trata, ante todo, de un llamado de atención a la sociedad colombiana para decirnos: todos somos o hemos sido cómplices en esta guerra; no nos creamos superiores que los jefes de la guerrilla; asumamos la responsabilidad que tenemos en este conflicto.

Sí, todos, pues por ejemplo, con el pago de los impuestos hemos contribuido a apoyar a un bando del conflicto; claro, el bando legal, el que tiene el “monopolio de la violencia” como lo llama Max Webber en la teoría política, pero al fin de cuentas, hemos apoyado a uno de los bandos en medio de una confrontación armada.

Ninguno de los que nos declaramos abiertamente en contra de la continuación del conflicto armado se ha arriesgado a emular la desobediencia civil de Henry David Thoreau y ha dejado de pagar sus impuestos como una forma de protesta, así tuviéramos que ir a la cárcel por eso. Tampoco hemos protestado con una huelga de hambre, ni hemos procurado grandes movilizaciones sociales como las de Mahatma Gandhi en India. No.

Sin embargo Mockus, un hombre público que es capaz de decir que le duelen igual las muertes de guerrilleros y soldados en medio de un país tan militarizado –donde las fuerzas armadas reciben el calificativo de “héroes de la patria” –, es un ejemplo de ser humano con una gran conciencia de país y una capacidad de asumir responsabilidades como ciudadano.

Si se inicia una investigación judicial para encontrar si Antanas Mockus cometió algún delito, seguramente a él eso lo tiene sin cuidado. Recordemos que en el mismo comunicado dice: “Me ofrezco a recibir la misma sanción que recibirán los dirigentes de las FARC”. Lo que realmente parece preocuparle, es que en este país la vida siga teniendo categorías de valor y que seamos tan incapaces de asumir responsabilidades frente al conflicto armado que no cesa; que creamos que no es con nosotros, que no es nuestro. Claro, no estamos empuñando un arma; pero tampoco somos capaces de generar un escenario de reconciliación; tampoco estamos dispuestos a perdonar.

El llamado de atención de Mockus no puede quedarse solo la polémica de si auxilió o no a la guerrilla hace cerca de 30 años, que si con cédulas falsas o dando posada a algún militante. Eso es solo el copo de nieve en la punta del iceberg. Aquí las preguntas profundas que quedan, por mencionar solo algunas, son ¿qué tan dispuestos estamos a asumir nuestras responsabilidades individuales en la continuación de esta guerra?, ¿qué papel hemos jugado como ciudadanos para transformar estas realidades violentas?, ¿estamos preparados para construir una sociedad junto a aquellos que la han amenazado?

Y a usted, apreciado lector, ¿lo cuestiona como ciudadano este comunicado de Mockus o solo lograr ver que el simpatizó con la guerrilla en los ochenta?

Columna publicada originalmente el 4 de junio de 2015 en el periódico El Mundo de Medellín.

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